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Trastornos del sueño: Consecuencias de no dormir bien

El sueño es un estado fisiológico, activo y rítmico, que aparece cada 24 horas en alternancia con el otro estado de conciencia básico que es la vigilia. Se describe combinando la observación clínica y el registro polisomnográfico. La polisomnografía pemirte distinguir claramente dos tipos de sueño: el sueño de ondas lentas o sin movimientos oculares rápidos o también llamado NREM, (no rapid eyes movements); y el sueño con movimientos oculares rápidos o REM (rapid eyes movements). En el sueño no REM se pueden distinguir tres fases: fase I ó de adormecido, fase II ó de sueño superficial y fase de sueño δ ó profundo, que agrupa las denominadas fases III y IV.

Durante la noche, los distintos tipo de sueño se suceden en un orden preestablecido, constituyendo lo que se denomina arquitectura del sueño. Cada ciclo dura unos 90-110 minutos y a lo largo de la noche se suceden unos 4 ó 5 ciclos. Al principio de la noche los ciclos son más cortos y tienen mayor cantidad de sueño δ, mientras que al final de la noche hay mayor cantidad de sueño REM.

El tiempo total de sueño varía con la edad. Los recién nacidos duermen un total de 17-18 horas, en el caso de los adultos jóvenes oscila entre 7 y 8 horas y en los ancianos entre 6 y 7 horas. Además, en los ancianos disminuye la fase de sueño profundo (sueño δ). Luego a medida que aumenta la edad, no sólo disminuye la cantidad sino también la calidad, el sueño es menos reparador.

Dormir bien supone que aparezca este estado fisiológico (el sueño) en una cantidad y calidad adecuada. Se tienen que suceder en una secuencia ya predeterminada las fases del sueño de las que hemos hablado, y con una duración adecuada. A pesar de lo dicho, no es posible definir el sueño normal de manera aceptable para las distintas personas y poblaciones dado que la percepción sobre lo que cada uno considera normal en cuanto a cantidad y calidad es muy variable.

Cualquier alteración en estos aspectos (calidad y cantidad) daría lugar a un trastorno del sueño. Los trastornos del sueño estaban infravalorados, pero en los últimos años han recibido una notable atención por el grado de discapacidad que generan. Este tipo de trastornos pueden deteriorar la vida de relación de un individuo, producir psicopatología secundaria y determinar complicaciones somáticas graves.

La American Sleep Disorder Association (ASDA) clasifica a los trastornos del sueño en:

  • Trastorno del inicio y el mantenimiento del sueño (insomnio).
  • Trastornos por somnolencia excesiva
  • Trastorno del ritmo sueño-vigilia
  • Disfunciones asociadas al sueño, las fases del sueño o la vigilia parcial (parasomnias): sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas, enuresis y bruxismo.

 

Los trastornos del inicio y mantenimiento del sueño son los más frecuentes. Se estima que el insomnio aparecen en aproximadamente el 30-50% de la población adulta y, en el 10-15% aparece una repercusión funcional diurna.  Además en la mitad de los casos el insomnio es de tipo crónico.

El insomnio es la dificultad para conciliar o mantener el sueño, despertar más temprano de lo esperable, o simplemente despertar con la impresión de no haber tenido un sueño reparador.

El insomnio puede ser primario cuando no hay una causa subyacente, o secundario cuando sí la hay, por ejemplo la presencia de un trastorno mental. Se estima que el 30-50% de los insomnes padecen de un trastorno mental. El insomnio también puede clasificarse como: insomnio transitorio (2-3 días), de corta duración (más de 2-3 días y menos de 3 semanas) y crónico (mayor de 3 semanas).

Entre los factores asociados a una mayor prevalencia de este trastorno se encuentra: edad avanzada, sexo femenino, clase socioeconómica baja y presencia de trastornos mentales. Otros factores asociados son: dolor crónico, aumento del uso de los servicios sanitarios, mala calidad de vida, relaciones sociales insatisfactorias, conflictos con la familia, separación de pareja, desempleo, sobrecarga profesional, sobrecarga de la economía doméstica, algunas enfermedades físicas (hipertiroidismo, asma, reflujo gastroesofágico…), abuso de sustancias y deterioro de la función cognitiva.

 

Consecuencias de no dormir-descansar bien

Como se nombró al principio, los trastornos del sueño generan discapacidad. El insomnio es un problema clínico con una importante morbilidad asociada. El no dormir satisfactoriamente puede tener repercusiones en la actividad diurna que van desde: la irritabilidad, alteraciones del humor, cansancio, deterioro de la memoria, falta de concentración, pérdida de  iniciativa y motivación, somnolencia, hasta el deterioro de la actividad laboral, social o de otros ámbitos de la vida de las personas. Además los insomnes tienen cinco veces más probabilidades de sufrir ansiedad y depresión, así como más del doble de riesgos de desarrollar insuficiencia cardiaca congestiva, diabetes y un elevado riesgo de morir. También son más propensas a abusar de alcohol y otras drogas.

¿Y cómo nos podemos dar cuenta de que estamos padeciendo un trastorno del sueño y no “que estamos pasando malas noches”? Todos pasamos una mala noche cuando ha tenido lugar un acontecimiento estresante o, cuando las condiciones ambientales son malas o, por otros motivos. Las alteraciones transitorias del sueño forman parte de la vida cotidiana. Pero cuando este problema persiste en el tiempo (las clasificaciones hablan de un mes de duración) y empieza a generar un malestar importante o un deterioro en las actividades sociales, laborales, u otras que se considere, probablemente estemos ante un trastorno del sueño. En este caso sería recomendable acudir al médico.

Cuando se detecta que hay algún trastorno del sueño hay que evaluar las características del mismo. Se debería tratar la causa primaria, si la hubiera, por ejemplo un trastorno psiquiátrico. Si con esto no fuera suficiente, se pondrían en marcha otras medidas no farmacológicas y farmacológicas. Entre las no farmacológicas, también llamadas “medidas de higiene del sueño”, se encontrarían: mantener horarios reglares, no dormir siesta, que las condiciones del dormitorio sean adecuadas, no esforzarse demasiado en intentar dormir, ejercicio moderado durante el día, rituales relajantes antes de acostarse, y no tomar estimulantes las horas antes de dormir. Las estrategias farmacológicas, siempre deberían estar sujetas a prescripciones médicas. En la medida de lo posible, los fármacos hipnóticos se usarán para resolver un problema agudo y deberá evitarse un uso continuado de ellos. El uso inadecuado de estos fármacos, como la automedicación o no seguir las indicaciones médicas, conllevaría a una tolerancia de los mismos y por lo tanto, podrían terminar siendo ineficaces.

 

Judit Herrera.

Psiquiatra. Psicoterapeuta familiar.

Clínica Bandama.

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