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Se enciende la alarma con nuestros jóvenes

Diversos informes publicados en las últimas semanas y la práctica diaria en nuestras consultas están revelando que niños y jóvenes están sufriendo con gran intensidad las consecuencias sociales de la pandemia provocada por el covid-19.
 
Ya sea por su inexperiencia vital, por la intensidad de las emociones propias de la edad o porque muchas de las medidas restrictivas les han afectado de lleno, este colectivo está mostrando síntomas comunes como insomnio, pesadillas, ira, tendencia al autoaislamiento o trastornos de la alimentación, entre otras conductas muy vinculadas a la ansiedad y la depresión.
 
Todas estas evidencias que detectamos en el día a día nos están diciendo que habrá un antes y un después en salud mental para una gran parte de nuestra juventud. El miedo, la incertidumbre y ser testigos de una gigantesca crisis social de las que nadie vivo había sido testigo les están afectando especialmente.
 
Las restricciones al contacto físico y a la inclusión grupal -esenciales en la adolescencia para sentirse aceptado- se han impuesto junto con los hechos. Para los que ya venían sufriendo problemas antes de la pandemia, conductas negativas como el ciberacoso o la soledad social se han visto acentuadas, colocando a sus víctimas en una posición aún peor al estar doblemente castigadas.
 
Es cierto que muchas de las conductas insolidarias que estamos observando en nuestra sociedad: (fiestas clandestinas, botellones y otras irresponsabilidades) son protagonizadas en buena medida por jóvenes, pero hay que decir también que éstos son una minoría dentro de todo el colectivo.
 
Hay que huir de estigmatizarlos: la mayoría de los jóvenes son responsables y en esta situación histórica de pandemia son, junto a los mayores, los grandes perjudicados. Los jóvenes, porque están en un momento de sus vidas de búsqueda de una identidad y en una incertidumbre sobre su futuro; los mayores, porque son muy vulnerables a los efectos nocivos de la Covid.
 
Hay que decir que los padres igualmente están sufriendo en primera persona las consecuencias de esta pandemia, y que han de ser muy conscientes de la necesidad dar ejemplo, no sólo con su conducta personal, sino también, de buen oficio como progenitores: escucha activa, refuerzo positivo, diálogo y capacidad de entender a sus hijos. Si es posible, han de intentar dedicarles más tiempo del que les ofrecían en circunstancias normales. Esto puede ser, además, una compensación terapéutica para toda la familia.
 
En cuanto a los síntomas que puedan encender las alarmas (tristeza constante, rabia, aislamiento, problemas con la alimentación) les digo muy claro que busquen ayuda en profesionales de la salud mental. Estamos para eso, y más en una situación excepcional como ésta que se va a prolongar aún varios meses.
 
Quiero dar un mensaje positivo, ofrecer una herramienta que tal vez sea de utilidad: todos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, ganaríamos mucho si fuéramos capaces de centrarnos en el día a día y en lo que tenemos hoy. Una actitud calmada y mirar al futuro con esperanza y determinación pueden centrarnos en lo importante.
 
Para más información acerca de la respuesta de los jóvenes ante el covid-19 vea está página de UNICEF.

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